sábado, 30 de abril de 2011

Para olvidarme de ti

Para olvidarme de ti...
nada hace falta
porque nada
puede arrancarte de mi.



Como olvidar el ocaso de tus ojos
 cuando muero en ti,
de ti cada mañana 
 ¿cómo?


Si resucitar contigo es
escuchar tu lenguaje
que hace camino
 en mi espalda.



Y vivo a cada latido de tu cuerpo
que ciñe mi locura de amarte así,
con la brevedad de la existencia
que no alcanza para alejarme de ti.


Para olvidarme de ti...
no quiero pretextos porque no los hallo
si divago y lloro y rio
no hay teorema que te aparte de mi.


Si estas en el sitio exacto donde nació el destino
que nos funde en uno,
en cuerpo, en alma
sin ninguna fuerza que corrompa este sentir.


Para olvidarme de ti
no hay nada
sólo la muerte...

sólo . . . volver a existir.
.
.
.
.
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sábado, 23 de abril de 2011

Él

Lo vi solo,
cansado, tembloroso,
con la soledad adormecida
en su regazo.


Lo vi sin luz en sus ojos
con el pelo casi blanco
su cuerpo enjuto
 parecía cargar todos los años.


Lo vi y él no veía nada
la ausencia era su traje diario,
cuando la ciudad
 cada tarde transitaba.


Lo vi y no sonreía
ningún anhelo sostenía su mundo
ya no vivía,
ya no soñaba.


Lo vi sin nombre
 ni apellido
ni esas etiquetas
que para otros tienen sentido.



Lo vi como todos los días
en esa esquina que todo mundo ignoraba,
era uno más,
no importaba.




Lo vi y él
no me vio...



Él también habia aprendido a ignorar
la vida a sus espaldas.
.
.
.
.
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viernes, 8 de abril de 2011

Nunca más


Su corazón latió a un ritmo acelerado, ese que le paralizaba cuando no quería escuchar... sus pupilas parecían agrandadas ante el reflejo que proyectaban los cristales fundidos en las minúsculas gotas de cada sonido.

La ciudad casi ciega decaía ante la obligada quietud que después de las siete de la noche marcaba el ritmo de los que retornaban. Había pasado ya por ese lugar, una, dos o tres veces lo había recorrido antes y ese momento le llenaba de hielo las manos.

Su cuerpo tembló mientras colgaba el celular tras oír aquella sentencia letal. Cada palabra taladraba lacerante todas las fibras de su ser. El infierno debió ser aquella sensación que le quemaba el alma queriendo fragmentarla.

Sin embargo, no se rompería de nuevo, no otra vez, consumió toda la impotencia que quedo en sus dedos, abrió los brazos aglomerando su espacio, RESPIRÓ y en sus ojos cerrados escribió y escribió hasta olvidar aquel abecedario…



nunca más                                         Nunca más                                  NUNCA MÁS  







(Es la última vez . . .

que te permito romper un corazón)
.